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Fuente: La Nación, 30 de junio del 2008 http://www.nacion.com/ln_ee/2008/junio/30/opinion1598975.html EDITORIALAlianza contra el narcotráfico La Iniciativa Mérida es solo un paso para luchar contra las drogas
Más allá de las acciones represivas, debe haber un abordaje integral
Después de mucho discutir, tratar de imponer y considerar sesgadamente el problema del tráfico de drogas entre México, Centroamérica, el Caribe y Estados Unidos, al fin el Senado de este país asignó $460 millones para la Iniciativa Mérida, previamente aprobados por la Cámara de Representantes. Así, el plan se convertirá en realidad tangible tan pronto el presidente George W. Bush convierta en ley la asignación presupuestaria de la que forma parte, y nuestros países, pero sobre todo los mexicanos, recibirán una nueva inyección de fondos para abordar el problema.
La decisión debemos celebrarla, pero sin gran entusiasmo. Ciertamente, fortalecerá la capacidad nacional y regional de luchar contra uno de los peores flagelos de nuestro tiempo. Sin embargo, el éxito final de la tarea dependerá de una verdadera y eficaz coordinación entre todos los países involucrados, y de un abordaje realmente integral de la producción, tráfico y consumo de drogas, algo que ha estado ausente y que el plan no contempla adecuadamente. La de Mérida es una iniciativa por tres años para enfrentar el narcotráfico, que surgió de una reunión entre los presidentes Bush y Felipe Calderón, realizada en la ciudad mexicana de ese nombre. El presupuesto, para toda su ejecución, alcanza, aproximadamente, $1.500 millones. Para el primer año de su implementación, el Ejecutivo estadounidense solicitó $500 para México y apenas $50 para Centroamérica, Haití y República Dominicana. Finalmente, quedaron poco menos de $400 para los mexicanos y $65 millones para el resto, de los cuales $40 millones se utilizarán, directamente, para reprimir el narcotráfico, y los restantes $25 millones, canalizados mediante la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), de Estados Unidos, financiarán programas sociales e intercambios educacionales. La principal disputa entre mexicanos y estadounidenses sobre la aplicación del plan se centró en una serie de condicionamientos que los primeros consideraban violatorios de su soberanía y, por ende, inaceptables. Finalmente, se logró una fórmula que, si bien es cierto sujeta la continuidad del financiamiento a informes sobre avances en institucionalidad y lucha contra la corrupción dentro de México, este último país consideró adecuada. Además, el abordaje conceptual se basa en que el problema es común y, por ende, requiere una solución compartida. La principal –y justa– preocupación de los centroamericanos ha sido que, en la lucha contra el narcotráfico, los éxitos que se obtienen en un lugar irremediablemente implican el traslado de las operaciones delictivas a otros. Por esto, la escasa dotación contemplada inicialmente para nuestros países resultaba alarmante. Con su ampliación, se nos otorga un trato algo mejor, pero todavía profundamente desigual, porque los $65 millones, para toda Centroamérica, más Haití y República Dominicana, son menos de la sexta parte de lo asignado a México. Por esto, deberemos estar muy alertas y activos para impedir que, conforme haya mayores éxitos en este país, no se incrementen los problemas de seguridad en los nuestros. Lo anterior tiene que ver con otro tema esencial en la lucha contra las drogas: el imperativo de su integralidad. No solo hay que tomar en cuenta toda la cadena de producción, distribución y consumo, que termina en Estados Unidos, o la necesidad de ir más allá de lo estrictamente policial, para incorporar temas de desarrollo, prevención y tratamiento de los adictos. También hay que comprender que, si estos últimos aspectos no se convierten en elementos centrales de la estrategia, y si a esta no se incorpora, además, una discusión –y eventuales acciones– realista y desprejuiciada sobre los grados de prohibición y su incidencia en el problema global, difícilmente podrán obtenerse verdaderos éxitos. Si, además de brindar recursos para la lucha, la Iniciativa de Mérida conduce a una cooperación en ámbitos múltiples, dentro de una estrategia integral, sí tendrá verdadero sentido. Si no, apenas atenderá parte de un problema que hasta ahora ha sido insoluble, lo cual evidencia que, también hasta ahora, el abordaje ha sido inadecuado. |