Lineamientos para Centros Educativos

  • Última actualización en Miércoles, 19 Agosto 2015 15:48
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El fenómeno de drogas como otras problemáticas: violencia intrafamiliar, el abuso sexual en menores y la deserción escolar constituyen un reto para la prevención en las instituciones educativas.

Es importante que como parte de la función pedagógica que realiza el docente en sus diferentes acciones en el centro educativo, promueva la prevención en los estudiantes, permitiéndoles desarrollar diferentes habilidades para generar factores protectores en su vida cotidiana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), define prevención como el anticiparse y actuar antes que el problema aparezca. De ahí la importancia de iniciar el proceso preventivo en la educación preescolar y continuar durante todos los ciclos educativos hasta la educación media y superior, en un proceso gradual, continuo y sistemático.
Este proceso debe promover estilos de vida saludable y el desarrollo de actitudes, valores y comportamientos que les permitan a los estudiantes decidir asertivamente ante los riesgos a los que se enfrentan diariamente.

Sin duda, uno de los principales desafíos de este documento es generar ambientes educativos saludables, protectores y potencialmente capaces de entregar herramientas y habilidades a los docentes y estudiantes para enfrentar con éxito los cambios y las exigencias sociales. Se trata de evitar que los estudiantes desarrollen patrones de conducta de riesgo como son el consumo y el tráfico de drogas; así como el orientarlos en aquellos casos en que se presente el problema.

Esto supone reconocer que el problema existe o puede existir y que constituye una amenaza real para su desarrollo integral que afecta el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que produce graves consecuencias personales, familiares y sociales.

Es muy importante reconocer el vínculo existente entre consumo y tráfico, dado que los estudiantes que consumen, generalmente se involucran con redes de microtráfico, situación que plantea un reto adicional a la comunidad educativa que debe estar atenta a este fenómeno, y fortalecer la formación de los niños y jóvenes para resistir la presión a la que están expuestos.
Para abordar esta problemática resulta relevante impulsar e implementar una estrategia que permita prevenir el fenómeno de drogas e intervenir eficazmente, a través de acciones que involucren a toda la comunidad educativa a fin de procurar el desarrollo de ambientes saludables, implementando programas específicos para cada nivel educativo.

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